Amanecía
pisaba la arena
de una playa fresca aún
del roció de la noche
las olas llegaban a mí
como llega la oscuridad
después del largo día
serenas mojaban mis pies
el mar infinito
se abría radiante
con su calma abrumadora
la playa solitaria
solamente ella y yo
era mía solamente mía
en ese espacio de tiempo
solo a mí me pertenecía
el Sol asomaba discreto
por la línea del horizonte
dando brillo a la mañana
mi grito escapo con fuerza
derrochando libertad
de mis sentidos
de mis emociones
llegando al mar
que me lo devolvió atrevido
en forma de olas espumosas
mojaron de nuevo mis pies
maravilloso mar que acaricia
sin pedir nada a cambio
era el mejor momento
de un luminoso día…….. que comiernza.
Gumiel, 10/07/2009

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